miércoles, 16 de noviembre de 2016

Consuelo

Esther Gili




Su letra era un caminito de hormigas azules que jugaban a salirse del papel. Una de ellas, una z aventurera, dio un brinco y se colgó de un mechón de su pelo y enroscándose en aquella selva enmarañada, después de un suspiro, se durmió.


viernes, 4 de noviembre de 2016

Ciudad esférica


Maire Kalkowski
Era una ciudad distinta a cualquier otra. Una ciudad encantada, dijo el viajero. Paseó por sus calles azules repletas de brisa, con balcones a los que se asomaban las abuelas a recitar antiguas canciones. Y corrió como niño por las aceras empedradas tan solo por escuchar el eco de sus zapatos, desgastados del camino. Telas blancas danzaban en las terrazas siguiendo el ritmo marcado por un viento caprichoso. Descubrió que la montaña, que guardaba celosa los secretos más íntimos de sus habitantes, lo observaba expectante controlando sus movimientos. Y al llegar al río, el agua se arremolinó en sus tobillos haciéndole cosquillas y refrescando sus pies cansados de peregrino. Y quiso hacer suya esa ciudad y deseó no irse jamás de allí. Y así quedó atrapado en aquel paisaje esférico que, de vez en cuando, giraba caprichosamente cubriendo con copos de nieve los tejados de las casas.



martes, 1 de noviembre de 2016

La zona latente

¿Qué hacía yo en aquel lugar inhóspito? ¿Por qué había despertado en semejante paraje? No tenía ni idea de donde me encontraba ni como había llegado hasta allí; una espesa nieve cubría el paisaje de árboles de copas altas, impertérritos y agónicos. No recordaba nada del día anterior ni, puesto a pensar, nada de mi pasado, de quién era ni de qué vida tenía antes de abrir los ojos. Una sensación de ahogo me inundó el pecho y el miedo me congeló los músculos, incapaces de realizar movimiento alguno. Pasados unos minutos conseguí articular algunos pasos y alcancé a ver a lo lejos una noria abandonada, paralizada, con sus sillones amarillos y desvencijados. Alrededor se esparcían los coches de un parque de atracciones, destrozados, abandonados. Naturaleza muerta en una escena que parecía estancada en algún recuerdo de un pasado catastrófico y olvidado.

Entonces los vi. Una manada de lobos se acercaba sigilosa, sin querer romper con su marcha la atmósfera silente del entorno. Eran los primeros seres que encontraba y, para mi sorpresa, no sentí el temor normal de cualquiera ante esta situación. Estaba tranquilo con la presencia de los cánidos. Al bajar la mirada contemplé mis pies. No lo eran, eran patas... y me uní a ellos.

En el avance de la jauría pude descifrar las letras de un cartel tirado y oxidado próximo a una valla. Quizá era el nombre del lugar, de ésta la que ahora empezaba a recordaba como mi tierra. Chernobyl rezaba.


viernes, 30 de septiembre de 2016

Maestro

Las sendas sinuosas se despidieron de ti y también los caminos rocosos y los llanos, los frondosos y los yermos, los valles y las serranías. Las hojas de los árboles, como aretes de encajes, silbaron una última melodía, un último canto que acompañaba al caminante, al peregrino en su despedida. El viento acurrucó a las nubes y los moradores de los bosques, reales e imaginarios como las musas que a veces te visitaban, susurraron las canciones de la Tierra. El aroma de los montes, a pino, a tomillo y a romero, a tierra firme, se mezcló en sinfonía con el tul de la niebla y con las gotas de rocío, como escoltas del guerrero que termina la contienda.

El río sigue su curso, la montaña resiste el envite del tiempo, la luna se muda en su manto siguiendo su ciclo, el camino se dibuja con otros pasos, con otras vidas. Y entre todas esas huellas, las tuyas: las de un guerrero, un caminante, un maestro.


jueves, 29 de septiembre de 2016

La ranita cantora

Era una ranita hermosa,
con chaqueta de tweed rosa,
que croaba con la luna
sin vergüenza ninguna.

Con sus cantos despertaba
al abuelo de la cama,
a la niña de su cuna
y en la iglesia al señor cura.

Una tarde, ya cansada
de reproches y miradas,
agarró bien su maleta
y partió en su camioneta.

Y a modo de despedida,
a todos los de la villa,
dejó escrita una cartita:
"Esto avisa la ranita".

Escucharéis la campana
y el petardo con su traca,
al gallo, al gato, a la pava.
Oiréis el carro que limpia
carril, acera y fachada
y al afilador que afila
cuchillo, tijera y navaja.

Croac, croac, croac
dice la ranita,
croac, croac, croac
¡buen viaje, amiguita!


jueves, 11 de agosto de 2016

Las cuatro menos cuarto en San Miguel

(Dicen que a cada tonto le da por una cosa y esto, parece ser, es lo que me toca.
Es poesía de risa, espero así se entienda, para pasar el rato de este fresco verano.
Si hay quien se diera por persona ofendida no me niegue el saludo, le pido disculpas, los versos le borro. 
Aunque más que molestar por palabras ofensivas, debería fastidiar por ser pésima poesía.)



El reloj de la iglesia se ha parado
justamente a las cuatro menos cuarto
y así es que la siesta se ha instalado,
estable, en este pueblo respetable.

Los vecinos, ante esta situación,
en el paseo se han organizado
-los pocos que despiertos han quedado-
y en breve tiempo a la acción han pasado:


El primero en encontrar
debe ser el santo padre,
las beatas comunican
que el párroco está de viaje.

Siguiente en importancia
es quien rige la alcaldía,
el cabildo ha declarado
que salió de cacería.

Por contraposición,
llaman a la oposición
y no se ponen de acuerdo
en quién es el lado izquierdo.

Al cuerpo de policía
intentan localizar,
la llamada comunica
y esto nadie se lo explica.

Se dirigen a la radio
para hacer un comunicado
pero se quedan turbados,
el local está cerrado.

La asociación de vecinos,
congregada en asamblea,
prepara publicación
en el Diario Información.

El maestro don Tomás
-que es de medio natural-
no lo puede solventar
no vaya a ser que moleste
-en lo alto de la torre-
a alguna especie animal.

Joaquín, el mesonero,
que fue ilustre pregonero,
fotógrafo y reportero,
se marchó de veraneo.

Y el señor electricista
tiene excesivo trabajo,
no podrá echar un vistazo
hasta dentro de dos años.

Y es San Miguel, el arcángel,
harto de este disparate
quien baja de su hornacina
y a la torre se aproxima.

Una piedra pequeñita
encasquilló el engranaje,
la retira con coraje
y soluciona el rifirrafe.

Pero cuando San Miguel
vuelve a su colocación,
no encuentra en posición 
al diablo que retenía
fuertemente entre sus pies.
Así es que se sitúa,
con esta tesitura,
presidiendo la fachada
y espera que nadie mire
en un tiempo a las alturas.

Y este pueblo peculiar,
recuperó así las horas
de su estimado reloj
pero tuvo que pagar
un elevado precio
tener entre sus vecinos
al demonio de inquilino.

¿Alguien lo ha visto?






domingo, 17 de julio de 2016

Soneto para Ella

Tú, como la higuera fuerte y guardiana
de sus frutos, grácil el movimiento
de sus ramas que danzan con el viento
y de besos los recubre temprana.


En tus brazos se duerme la mañana
y hasta el pájaro altivo escucha atento
tu dulce nana, como encantamiento,
al resol de tu mirada gitana.


Un susurro de brisa en la mejilla,
la caricia de una onda de tu pelo
y tu olor de azahar y campanilla.


Y en la noche, la luna tiene celo
de tu vientre formado como arcilla,
de tu risa arropada en mi pañuelo.