jueves, 11 de agosto de 2016

Las cuatro menos cuarto en San Miguel

(Dicen que a cada tonto le da por una cosa y esto, parece ser, es lo que me toca.
Es poesía de risa, espero así se entienda, para pasar el rato de este fresco verano.
Si hay quien se diera por persona ofendida no me niegue el saludo, le pido disculpas, los versos le borro. 
Aunque más que molestar por palabras ofensivas, debería fastidiar por ser pésima poesía.)



El reloj de la iglesia se ha parado
justamente a las cuatro menos cuarto
y así es que la siesta se ha instalado,
estable, en este pueblo respetable.

Los vecinos, ante esta situación,
en el paseo se han organizado
-los pocos que despiertos han quedado-
y en breve tiempo a la acción han pasado:


El primero en encontrar
debe ser el santo padre,
las beatas comunican
que el párroco está de viaje.

Siguiente en importancia
es quien rige la alcaldía,
el cabildo ha declarado
que salió de cacería.

Por contraposición,
llaman a la oposición
y no se ponen de acuerdo
en quién es el lado izquierdo.

Al cuerpo de policía
intentan localizar,
la llamada comunica
y esto nadie se lo explica.

Se dirigen a la radio
para hacer un comunicado
pero se quedan turbados,
el local está cerrado.

La asociación de vecinos,
congregada en asamblea,
prepara publicación
en el Diario Información.

El maestro don Tomás
-que es de medio natural-
no lo puede solventar
no vaya a ser que moleste
-en lo alto de la torre-
a alguna especie animal.

Joaquín, el mesonero,
que fue ilustre pregonero,
fotógrafo y reportero,
se marchó de veraneo.

Y el señor electricista
tiene excesivo trabajo,
no podrá echar un vistazo
hasta dentro de dos años.

Y es San Miguel, el arcángel,
harto de este disparate
quien baja de su hornacina
y a la torre se aproxima.

Una piedra pequeñita
encasquilló el engranaje,
la retira con coraje
y soluciona el rifirrafe.

Pero cuando San Miguel
vuelve a su colocación,
no encuentra en posición 
al diablo que retenía
fuertemente entre sus pies.
Así es que se sitúa,
con esta tesitura,
presidiendo la fachada
y espera que nadie mire
en un tiempo a las alturas.

Y este pueblo peculiar,
recuperó así las horas
de su estimado reloj
pero tuvo que pagar
un elevado precio
tener entre sus vecinos
al demonio de inquilino.

¿Alguien lo ha visto?






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